13 de diciembre de 2011



Vos y yo, solamente recuerdos. En algún momento quizás dudé de vos, en cualquier situación, pero parece ser algo normal el miedo, ese miedo a la soledad, al olvido, al dolor y a todas esas cosas que temes cuando tu momento es perfecto. Temes que se marche así como así. Pero después pensas y confias en vos, en él y en los dos. Confias en que no se va a ir y dejarte sola, porque juntos parecen perfectos y nada podría arruinarlo. Pero te fallan los cálculos. Un día te amaba y al otro día se va. Un día te despertaste y estabas sola, ya no te deseaba dulces sueños todas las noches  y ahí es cuando caes en el odio a todos los hombres de nuevo, y esa confianza que le tenías a esa relación que aparentaba ser tan fuerte y a esa pareja perfectamente feliz se va. Pensas en volver a buscarlo, pero si se marchó una vez, puede hacerlo dos veces, ¿o no? Descartas esa idea, pensas que si se marchó y no quiso esperarte es porque no tiene paciencia. Y un amor sin paciencia no es amor. El tiempo pasa y así seguís, recordando las promesas que parecían tan reales. Ese “para siempre” que no acaba nunca, hasta que se termina por completo. La culpa es tuya, la culpa es mía, en realidad no es culpa de nadie. Es culpa del tiempo, del destino, de las cosas que JUNTOS no supimos hacer. Pero se acabó en fin, de una forma u otra, se acabó. Fui muy inocente creyéndome que tu felicidad me pertenecía, que eras mío, solo mío por siempre. Que mi sonrisa era tu preferida y mis besos los únicos que querías para estar bien.
Lo que me queda por decir es que nunca tengas un todo, porque cuando se vaya, no te quedará nada.